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Entrevistadora
En base a su experiencia clínica, en el campo de la fragilidad en las personas mayores, ¿cómo definiría usted la fragilidad teniendo en cuenta su naturaleza multidimensional (por ejemplo, salud, social, económica, ética, legal)?.

Entrevistada
La fragilidad para mí es, un síndrome que lo padece la gente mayor, por sus características de falta de actividad, edad avanzada, diferente nutrición.

¿Cómo definiría yo a un mayor frágil? Pues una persona que tiene sus capacidades, sus reservas fisiológicas y sus capacidades funcionales reducidas. Y esto le lleva a poder sufrir efectos, situaciones adversas de salud y posibles consecuencias negativas de estas situaciones adversas. Es más vulnerable a sufrir estas consecuencias negativas de estas situaciones, y son proclives a que estas situación les lleven a una situación de discapacidad y de dependencia.
La fragilidad tiene que ser medida por su capacidad funcional, eso es lo más importante en lo que es la definición, que una persona frágil tiene la capacidad funcional reducida.

Entrevistadora
Desde su punto de vista, ¿cuáles son las necesidades relacionadas con la fragilidad, están cambiando con el tiempo?

Entrevistada
La necesidad fundamental ahora es detectar la fragilidad de una forma sistémica (eso es lo que recomienda también el sistema nacional de salud) con el fin de poder actuar sobre ella para revertir esa situación de dificultad funcional y poder evitar o retrasar la discapacidad o dependencia.

Entrevistadora
¿Cómo afecta la fragilidad y cómo se ve afectada la fragilidad por muchos aspectos diferentes de la vida de una persona?

Entrevistada
Pues al estar afectada la capacidad funcional, la gente llega a un sedentarismo que influye y mucho en la salud. Quema menos calorías, disminuye la masa muscular, los huesos se debilitan, el metabolismo puede verse afectado para sintetizar grasas y azúcares, su sistema inmunitario quizá no funcione bien, puede tener una mala circulación, su cuerpo puede dar más inflamaciones, puede desarrollar un desequilibrio hormonal. Es decir, hay cantidad de factores que pueden influir en una vida sedentaria. ¿Qué puede llevar a esto? Pues a enfermedades cardíacas, tensión arterial, accidentes cerebrovasculares, diabetes, obesidad, aislamiento social, incluso problemas de ansiedad, depresión, múltiples enfermedades que pueden ser evitadas.

Entrevistadora
¿Cómo cambia el grado de fragilidad de una persona, hacia arriba o hacia abajo, con el tiempo y cómo puede ser influenciado por el estilo de vida u otros factores.

Entrevistada
Lo más importante para cambiar el estado de fragilidad de una persona es la actividad física y esto ya se ha demostrado.
El dejar de ser sedentario y hacer una actividad física apropiada para su edad, no solo trabajando la resistencia y la fuerza sino también el equilibrio, la flexibilidad, conseguimos mejorar la capacidad física y mental de la gente. Prevenir y reducir enfermedades de riesgo y mejorar la respuesta social. Son aspectos más fundamentales actuando sobre ella.

Entrevistadora
¿Qué políticas, estrategias e iniciativas nacionales o regionales se han puesto en marcha para atender las necesidades de las personas mayores que viven en situación de fragilidad? ¿Cómo sugieren las políticas actuales abordar la naturaleza multidimensional de la fragilidad de la vejez?

Entrevistada
El documento consenso de prevención de fragilidad y caídas del sistema nacional de salud, que se publicó en el 2014. Me parece interesante porque recomiendan la detección sistemática de la fragilidad. Sobre todo en gente a partir de 70 años, porque es un problema prevalente en personas de esta edad. Y realmente confiere un riesgo de dependencia. Y sobre todo porque hay métodos de detección razonablemente fiables y la existencia de intervenciones potencialmente beneficiosos. Y esto para nosotros es la base de nuestro caminar a nivel local además de todo lo publicado por la OMS de envejecimiento y salud.

Entrevistadora
El 13 de diciembre de 2018 en Madrid, el coordinador de Advantage presentó el Frailty Prevention Approach, que es un enfoque común de la fragilidad que se utilizará en Europa para superar las diferencias entre países. En 2019 se difundirá ampliamente el documento del Frailty Prevention Approach y se contactará con los estados miembros para que comprendan a nivel gubernamental y regional cómo piensan aplicar este documento en la práctica. En este contexto ¿existen políticas, estrategias, grupos de expertos, iniciativas nacionales e internacionales que usted considere válidas y que debamos considerar y tomar como mejores prácticas?

Entrevistada
En la reunión de Advantage se hablaba de la homogeneidad, de la homogeneidad para desarrollar herramientas de envejecimiento a nivel europeo. Allí se destacaba cómo el ejercicio físico disminuye la fragilidad, cómo está probada su efectividad, aumenta la salud de los frágiles pero se destacaba todavía más el aspecto preventivo de la fragilidad. Siempre considerando que cuanto antes se actúe sobre la fragilidad es más efectivo. Lo importante del trabajo de la prevención en como riesgo de caídas, en la nutrición, una dieta saludable disminuye la fragilidad, la polifarmacia… Se destacaban todas estas cosas y más a destacar era la homogeneidad en culturas tan diferentes como había en el foro europeo, de problema social que esto generaba. Esto sí que era la preocupación general. Y con estas políticas y con estas iniciativas es lo que hay que hacer, actuar a nivel local.

Entrevistadora
¿Cree que la fragilidad debería abordarse mediante la sinergia y el trabajo conjunto de los responsables políticos y las partes interesadas? En caso afirmativo, ¿cuál es la situación de su país en relación con esta cuestión?

Entrevistada
Por supuesto, mientras no haya una decisión política y funcionemos con trayectorias potenciadas desde los gobiernos, no podemos hacer nada. Yo creo que es imprescindible trabajar con una sensibilización desde arriba, desde los gobiernos. Hay que adaptar los sistemas de salud a la población de edad que atendemos actualmente. Hay que crear sistemas de cuidados a largo plazo. Hay que crear entornos amigables para las personas mayores y hay que mejorar la medición, el monitoreo y la comprensión.
Yo conozco la situación de Osakidetza y puedo decir que se está invirtiendo mucho esfuerzo en seguir una línea estratégica con el fin de mejorar la salud y en bienestar de la población mayor de 70 años, intentando trabajar desde la detección precoz y atención de las situaciones de riesgo. Y para ello también estamos trabajando a nivel local con las redes locales de salud.

Entrevistadora
Según su experiencia, ¿cuáles son las barreras que se encuentran en los entornos de salud y de detección social para manejar la fragilidad de las personas mayores? ¿Cuáles son las posibles soluciones eficaces para superar esas barreras?

Entrevistada
Pienso que lo más importante es la falta de sensibilización, tanto de la población como de los propios trabajadores de la salud. Yo creo que no es difícil el abordaje de la fragilidad pero sí para ello hay que estar sensibilizado y concienciado de que algo hay que hacer.

Entrevistadora
En su opinión, ¿qué nuevos servicios, estrategias, se necesitan para satisfacer las necesidades multidimensionales de una población que envejece? ¿Cambiará o evolucionará el papel del sistema sanitario en este respecto?

Entrevistada
Sí, yo creo que sí, que está cambiando ya. Respecto a lo que estamos haciendo Osakidetza, creo que vamos un poco por delante en ya estar plantando servicios que están mejorando o que van a mejorar. Por un lado, desde Osakidetza estamos trabajando con el PAM, que es el Plan de Atención al Mayor, que ahí nos ayuda a estratificar a la población, podemos identificar a la gente que está en prefragilidad porque ya entra en un sedentarismo y a los frágiles. Y ya estamos trabajando con esa fragilidad para poder atenderla, incluso prevenirla o/y revertirla. Para ello, desde la red local de salud estamos trabajando con el fin de, aparte de sensibilizar, ver los determinantes de salud con los que trabajamos, estamos queriendo identificar los activos que la población mayor tiene para poder echar mano de ellos, y trabajar en comunitaria lo imprescindible es la implicación de la gente mayor, el empoderamiento de la gente mayor. Y para ello estamos haciendo un estudio de campo, una identificación de activos en salud, que la población identifique cuáles son sus fortalezas para que dentro de su comunidad sean aprovechadas.
Para ello, necesitamos una participación, una involucración política, gubernamental y de la ciudadanía. No solo es un instrumento, la red local de salud, de la recopilación de datos y reconocer y ya está sino tiene un fin que es tejer una red de relaciones y de apoyos mutuos. Todo esto mejora la calidad de vida, promociona la salud y no está dirigido solo a resolver problemas individuales sino a facilitar un cambio social y ambiental.

Entrevistadora
En el País Vasco, ¿dónde puede obtenerse asesoramiento, apoyo e información para las personas débiles, las familias y los cuidadores?

Entrevistada
Bueno, Osakidetza es una puerta de entrada pero otra puerta de entrada muy importante son los servicios sociales. Nosotros tenemos una gran coordinación y comunicación con ellos y bueno, como el paciente o el ciudadano es uno y los problemas normalmente son sociosanitarios, abordando desde los dos campos y además que los trabajadores sociales no solo están llevando proyectos del ayuntamiento sino también de la diputación, entre ellos que abarcan lo social y nosotros lo sanitario yo creo que las fuentes de entrada para la población son estas dos. Y aquí creo que se están trabajando todos los proyectos que pueden afectar a la población y tienen la información suficiente como para ser asesorados.